Solidarios Con La Vida: Voluntariado Institucional UCT consolida su crecimiento y proyecta nuevas líneas de vinculación para 2026

Con más de 380 actividades realizadas, 430 beneficiarios directos, 880 horas de servicio voluntario y presencia en tres comunas, el Voluntariado Institucional de la Universidad Católica de Temuco cerró el período 2024-2025 con un fortalecimiento significativo de su estructura, sus ámbitos de acción y su capacidad de intervención territorial.

Durante los últimos dos años, la UCT avanzó en la consolidación de un modelo de voluntariado universitario permanente, con ocho áreas activas y articuladas con instituciones externas, carreras, centros comunitarios y dispositivos sociales del territorio. Este proceso permitió ampliar la cobertura social del voluntariado, diversificar sus áreas de impacto y fortalecer la formación integral de los estudiantes que participaron en las iniciativas.

 

Una estrategia con impacto formativo e identitario

 

El desarrollo del Voluntariado universitario en la UCT responde a una definición estratégica vinculada a la identidad institucional y a la responsabilidad social universitaria. En esta línea, la Coordinadora del Voluntariado Institucional, Ana María Galaz, destacó el compromiso y despliegue estudiantil durante el último período:

“El trabajo realizado por los estudiantes ha sido muy positivo este año 2025. Han logrado llegar a más comunidades y fortalecer sus equipos, lo que permite una intervención más focalizada y orientada a las necesidades de los centros. Con ello se evidencia el compromiso, la dedicación y el servicio que ellos entregan”.

Para Galaz, este proceso no solo genera impacto social en la comunidad, sino que también aporta en la formación de los y las estudiantes voluntarios.

“Ha permitido que los estudiantes fortalezcan habilidades de trabajo colectivo, formación humana y profesional de manera integral. Todo eso fortalece la experiencia universitaria desde nuestra misión y nuestros principios”

 

Respecto al crecimiento y cifras del período 2024-2025, entre los hitos más relevantes destacan las siguientes cifras:

 

Un gran impacto territorial y social

Uno de los voluntariados con mayor continuidad es el desarrollado en el Centro de Internación Provisoria y Régimen Cerrado (IP–IRC) de Cholchol del Servicio de Reinserción Social Juvenil. Su Interventora, Leticia Santander, subrayó el impacto formativo y humano de esta presencia:

“Desde mi experiencia puedo afirmar que el voluntariado ha tenido un impacto relevante en la vida cotidiana del centro. Ha operado como un puente con el medio libre, permitiendo a los adolescentes interactuar con jóvenes que les transmiten valores prosociales”.

 

Acompañamiento junto a la realización de cine, deporte, danza y artes escénicas; como también jornadas de visibilización del riesgo por consumo de sustancias, componen el trabajo de intervención con jóvenes de 14 a 18 años quienes se encuentran en condición de reclusión.“Estas instancias contribuyen a humanizar la privación de libertad, habilitando momentos de encuentro genuino que impactan positivamente en el estado anímico de los adolescentes y fortalecen el capital social de puente del centro”, enfatiza Santander.

 

En el ámbito del trabajo realizado junto a personas mayores, el voluntariado PADAM continuó trabajando en la visita domiciliaria a quienes son parte del programa. Durante el último período se realizaron múltiples ciclos de visitas semanales, en las cuales los estudiantes brindaron apoyo emocional, acompañamiento y actividades como la experiencia “Compartiendo realidades a través del arte”, que mediante dinámicas creativas vinculó el concepto de cuidado personal con la metáfora del crecimiento.

 

En esta misma línea, el voluntariado “Hogar Nuestra Señora del Carmen» sostuvo una presencia constante durante el período, con actividades orientadas a la estimulación cognitiva, el bienestar emocional y el acompañamiento afectivo. Entre las iniciativas realizadas destacan talleres de arte y memoria, espacios de música y recreación, manualidades y la celebración mensual de cumpleaños —instancia realizada en colaboración con el Consejo Pastoral Facultad de Ciencias Jurídica, Económicas y Administrativas—, que permitió generar momentos de reconocimiento y encuentro entre personas mayores y el estudiantado.

Respecto al cuidado de la casa común, el voluntariado de Medioambiente mantuvo un trabajo constante en iniciativas educativas y de intervención territorial orientadas al cuidado ecológico y la conciencia sustentable. Durante el último período desarrolló actividades con la unidad de sustentabilidad, establecimientos educacionales y operativos comunitarios, entre los cuales destacó la limpieza de la ribera del río Cautín junto a estudiantes del Internado Gabriela Mistral y la jornada educativa realizada en el Colegio Antumalén vinculada al reciclaje mediante la actividad “tapitas solidarias”.

 

Adjudicación de proyectos y reactivación de Voluntariados

 

Durante el 2025, el Voluntariado Institucional se adjudicó cuatro fondos de Iniciativa Estudiantil (FIE), proyectos que tienen por objetivo fortalecer el desarrollo de iniciativas estudiantiles que promuevan la construcción de comunidad universitaria y mejoras en la calidad de vida de la población local.

 

Dos de los proyectos FIE estaban orientados al acompañamiento y desarrollo integral de infancias y adolescencias en la región. Por un lado, el Voluntariado Infancias que Florecen desarrolló el proyecto “Pu pichikeche mvlelu ta itrofil mogen” en el sector rural de Quechurehue de la comuna de Cunco, con foco en el bienestar socioemocional, el vínculo con la naturaleza y la identidad territorial de niñas y niños. “Es un privilegio que la universidad tenga estas instancias para desenvolvernos social y comunitariamente. Para nosotras ha sido una experiencia única, trabajando con niños desde los 3 hasta los 12 años, disfrutando con ellos la naturaleza y también la identidad mapuche”, señaló la estudiante de Trabajo Social Sofía Campos.

Por otro, el voluntariado del Internado Gabriela Mistral ejecutó el proyecto “No todo lo que ves es real”, que promovió la reflexión sobre estereotipos de género y salud mental en la era digital a través de instancias pedagógicas como cine-foro y espacios de conversación con apoyo de profesionales de la Dirección de Género UCT.

 

Un segundo hito del período fue la reactivación del Voluntariado de Medicina Veterinaria, tras un tiempo de inactividad. La iniciativa fue impulsada por estudiantes de la carrera y se concretó gracias al financiamiento del proyecto de Responsabilidad Social Universitaria de la Dirección de Vinculación con el Medio “Fomentando la Tenencia Responsable y la Salud Animal en el macrosector Pedro de Valdivia”, lo que permitió desarrollar operativos de vacunación, talleres educativos, acompañamiento comunitario y prácticas de examen físico a mascotas, articulando acción territorial con formación profesional integral.

Para el estudiante y presidente del voluntariado, Diego Jerez, la reactivación tuvo un sentido académico y comunitario: “Es una instancia de vinculación donde educamos a la comunidad y trabajamos en conjunto, pero donde también aprendemos de ella y podemos aplicar lo que hemos aprendido en la carrera”. En su implementación, el proyecto se desarrolló junto al Programa de Atención Domiciliaria al Adulto Mayor (PADAM) del Hogar de Cristo y dos Juntas de Vecinos del sector, permitiendo que los estudiantes trabajaran con personas mayores en charlas informativas, vacunación antirrábica y desparasitación de mascotas, siempre con el enfoque de educación y prevención. Para Jerez, el proceso fue formativo de manera integral: “Estos espacios nos ayudan desde el aprendizaje-servicio a adquirir valores y mejorar nuestras habilidades blandas”.

 

El Jefe de Carrera de Medicina Veterinaria, Mario Riquelme, destacó la importancia pedagógica del proyecto señalando que “la idea es que los estudiantes aprendan en contextos reales, en contacto con vecinos, enseñando, vacunando y transmitiendo conocimiento; se trata de bajar la universidad al territorio”. En esa línea, subrayó que la reactivación del voluntariado permitió a estudiantes de distintos niveles desarrollar competencias prácticas y sociales que los acompañarán en su futura vida laboral.

 

Nuevas alianzas de articulación interinstitucional

 

Durante 2025, la Coordinadora del Voluntariado Institucional UCT, Ana María Galaz, fue nombrada como parte del Consejo Asesor del Programa Ecomercado Solidario Temuco, iniciativa impulsada por FOSIS y ejecutada por la Municipalidad de Temuco, en reconocimiento al trabajo colaborativo desarrollado entre ambas instancias. El programa tiene como propósito mejorar el acceso a alimentos para familias en situación de vulnerabilidad —priorizando hogares pertenecientes al 40% más vulnerable según el Registro Social de Hogares— y promover el uso responsable de productos alimenticios que, encontrándose en buenas condiciones, no serían destinados a la venta, gracias al trabajo conjunto con empresas y entidades donantes en el marco de la Ley de Donaciones.

Asimismo, el Voluntariado Institucional UCT fue invitado a integrarse a la Mesa Regional de Ayuda Humanitaria y Voluntariado de SENAPRED, instancia que articula a instituciones públicas, privadas, organizaciones de la sociedad civil y ONG para la coordinación de acciones vinculadas a la gestión del riesgo de desastres. Esta participación posiciona a la universidad como un actor relevante en materias de preparación, respuesta y apoyo comunitario ante emergencias, particularmente en la coordinación de albergues, centros de acopio, logística y despliegue de voluntariado, contribuyendo a las comunidades afectadas por eventos críticos, como los incendios forestales que han impactado recientemente a la zona sur del país, y fortaleciendo así su rol público y compromiso con el territorio regional.

 

 

Un año de trabajo solidario

El ciclo 2025 concluyó con la celebración del Día del Voluntariado, instancia que permitió reconocer el compromiso de estudiantes, equipos colaborativos e instituciones asociadas. Durante su intervención, la Rectora de la UCT, Marcela Momberg, destacó la importancia de formar profesionales con vocación de servicio, capaces de mirar el entorno con empatía y sentido de propósito. “Para nosotros es un tremendo orgullo ser parte de este proceso, pero también es un desafío, porque tenemos que entregar una formación integral, una vocación de servicio y la capacidad de colocarse en el lugar del otro. El Voluntariado hace que ustedes aprendan a tener un corazón de escucha atenta y a dedicarse al otro o a la otra”.

 

Más allá de las cifras y los hitos, el proceso dejó como saldo una experiencia universitaria marcada por el encuentro, el servicio, la solidaridad y la construcción colectiva con el territorio, dimensiones que seguirán orientando el rumbo del Voluntariado Institucional en los próximos años.